Historia

  La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una iglesia cristiana, totalmente comprometida con el relato del Nuevo Testamento en cuanto al nacimiento, vida, crucifixión y resurrección de Jesucristo. La Iglesia enseña que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad.

   La Iglesia ofrece enseñanzas diferentes e importantes; por ejemplo, la convicción de que la Iglesia de Jesucristo original se perdió en la tierra después de la muerte de los primeros apóstoles. Al final dicha Iglesia fue restaurada en la tierra en 1830, junto con sus claras y sencillas doctrinas, organización – incluido un consejo de doce apóstoles – y autoridad. Para distinguirla de la Iglesia de Jesucristo original, la Iglesia restaurada se conoce como la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El término “santos” se utiliza en el sentido bíblico para denominar a los miembros de la Iglesia y no presupone ninguna dignidad o nivel especiales.

   Los miembros creen que la restauración de la Iglesia de Jesucristo ocurrió a lo largo de varios años, cuyo comienzo fue, sin duda, la revelación más importante desde la época de Cristo: la aparición en la primavera de 1820 de Dios, el Padre, y Jesucristo resucitado al joven José Smith, de 14 años, comunicándole que él sería el instrumento por medio del cual se restauraría la estructura de la Iglesia, doctrina y autoridad del sacerdocio. A ésta se sucedieron otras revelaciones y visitas, a menudo presenciadas por otras personas, hasta la restauración del Santo Sacerdocio, que es la autoridad para actuar en el nombre de Dios.

     La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se organizó formalmente en Fayette, Nueva York, en el mes de abril de 1830, con sólo seis miembros, pero creció rápidamente. En 1844, José Smith fue asesinado en Illinois por una muchedumbre antimormona y los miembros fueron sacados de su ciudad y sus casas quemadas. Bajo el liderazgo del gran colonizador que fue Brigham Young, iniciaron un viaje épico a través de lo que hoy es Estados Unidos hasta el valle del Gran Lago Salado en Utah. Allí, construyeron Salt Lake City, la sede mundial de la Iglesia en la actualidad.

   Los programas de la Iglesia se financian con el diezmo, las ofrendas y los donativos de los miembros fieles de la Iglesia. El diezmo se define para un miembro de la Iglesia como “la décima parte de todo su interés anualmente” -lo que se entiende por ingreso- y los miembros son exhortados a vivirlo como una ley.

   El Fondo de ofrendas de ayuno se financia con el ayuno mensual de los miembros, quienes se abstienen de dos comidas consecutivas cada primer fin de semana de mes, desde la comida del sábado hasta la comida del domingo, y a entregar al Obispo el importe equivalente al ahorro familiar de esas comidas para la ayuda de los pobres y necesitados.

   Una de las características más notables de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es el énfasis que pone en la vida familiar. La Iglesia predica que es en la familia donde mejor se ejemplifican sus enseñanzas y principios. La experiencia ha demostrado que la unión familiar conduce a una mayor felicidad y paz personales. Las familias fuertes contribuyen al bienestar de la comunidad y de la nación. Los miembros de la Iglesia son los únicos cristianos que enseñan de manera activa que determinadas ordenanzas religiosas especiales pueden unir a las familias por la eternidad.

   El presidente de la Iglesia, Thomas S. Monson, describió recientemente el hogar ideal: 
   "Nuestros hogares tienen que ser más que santuarios, también deben ser lugares donde el Espíritu de Dios puede habitar, donde la tormenta se detiene en la puerta, donde reina el amor y la paz mora. El mundo a veces puede ser un lugar aterrador en el que vivir. El tejido moral de la sociedad parece descomponerse a una velocidad alarmante. Pero esta es una lucha que las familias y los individuos pueden y van a ganar. Así, en una sociedad cada vez más fraccionada, la importancia de fortalecer la familia es primordial. Los valores esenciales para la prosperidad de toda la civilización se inculcan primero en la familia - la unidad fundamental de la sociedad - en el caso de un esposo y esposa que trabajan juntos para el mejoramiento de la totalidad. Las enseñanzas de la Iglesia y sus programas están diseñados para fortalecer la familia. Las virtudes consagradas por el tiempo, y necesarias para el progreso de la sociedad, como la caridad, el sacrificio, la paciencia y el perdón se aprenden más eficazmente en el hogar.”

   Además de por su defensa de los valores familiares, a los miembros de la Iglesia también se les conoce por abstenerse de alcohol, tabaco y drogas y por el énfasis que ponen en vivir elevados principios morales de honestidad, justicia, servicio y bondad, según reza su 13º artículo de fe: “Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos”.