Bienestar y Servicios Humanitarios

Jesucristo les dijo a aquellos que serían sus seguidores que alimentaran a los hambrientos y dieran de beber a los sedientos. El suyo es un evangelio que incluye acoger al extranjero, amar y cuidar a los demás como a uno mismo, visitar a los enfermos o encarcelados, velar por los huérfanos y las viudas, levantar a aquellos cuyas manos cuelgan y cuyas rodillas son débiles. Él enseñó esto mientras vivió en la tierra, y desde entonces ha seguido enseñándolo a través de profetas modernos. Como discípulos de Jesucristo, los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se esfuerzan por seguir la admonición del Salvador de ayudar a los necesitados allí donde se les permita hacerlo.

El Programa de Bienestar
El servicio de bienestar de la Iglesia se basa en el concepto de la autosuficiencia. A las personas y a las familias se les enseña a no depender de terceros para mantenerse. El programa de bienestar tiene un amplio espectro, anima a los miembros a desarrollar la autosuficiencia en los distintos aspectos de sus vidas:
.-    Educación.
.-    Desarrollo de carreras profesionales.
.-    Dirección financiera.
.-    Producción  y  almacenamiento de alimentos en el hogar.
.-    Salud física.
.-          Fortaleza espiritual    y socio-emocional.
          A pesar de estos esfuerzos preventivos, los miembros a veces pasan por momentos difíciles. Cuando esto ocurre, la Iglesia enseña que la responsabilidad por el bienestar espiritual y temporal de cada persona recae primero sobre la persona, después sobre la familia o parientes cercanos. Una vez estos recursos se hayan agotado es cuando la Iglesia entra en acción para proporcionar la ayuda necesaria.
Los miembros que necesitan asistencia consultan a su obispo local. Esta persona es quien conoce a la congregación y probablemente ya está al corriente de las circunstancias familiares. Esto le permite evaluar de la mejor manera posible las necesidades individuales o específicas de la familia y determinar la cantidad de ayuda requerida para que les sea posible recuperarse.
El programa de bienestar se financia a través de las contribuciones voluntarias de los miembros de la Iglesia quienes ayunan un día al mes y donan la cantidad correspondiente a las comidas que dejan de tomar; los obispos a continuación, utilizan dichas ofrendas de ayuno para cuidar de los necesitados.
Para auxiliar a los obispos en su labor de ayudar a los miembros a ser más autosuficientes, la Iglesia ha establecido en muchos lugares almacenes, proyectos de producción, tiendas de segunda mano, centros de empleo y oficinas de servicios para las familias. Miembros de la Iglesia ofrecen voluntariamente su tiempo, talentos y habilidades para hacer gran parte del trabajo en estas instalaciones.
En algunas partes del mundo donde hay una gran cantidad de miembros, la Iglesia mantiene los llamados “almacenes de los obispos”, parecidos a supermercados pero sin cajas registradoras. Las personas que necesitan ayuda se pueden dirigir allí con un pedido del obispo firmado y recoger lo necesario. En otros puntos del mundo, el obispo   ofrece   soluciones  alternativas  para  llenar la despensa de la familia, tales como efectuar la compra en supermercado local. El obispo jamás entrega dinero.
Puesto que el objetivo de la asistencia de bienestar de la Iglesia es ayudar a la gente a ayudarse a sí mismos, a los beneficiarios de estos recursos se les suelen dar asignaciones de servicio según sus capacidades, a fin de edificar su autoestima. Por ello la asistencia de la Iglesia es siempre de carácter temporal: se trata de ayudar a las personas a ser capaces de sostenerse por sus propios medios.
Este programa ha estado en funcionamiento desde 1936 y sus principios básicos han permanecido inalterables desde entonces; sin embargo, estos principios, con ser inalterables, no son obstáculo para buscar nuevas formas de asistencia. Por ejemplo, en el año 2001 la Iglesia estableció el “Fondo Perpetuo para la Educación”, sostenido principalmente con aportaciones voluntarias de los miembros de todo el mundo. Este fondo está destinado a conceder préstamos con un interés mínimo a jóvenes de la Iglesia de países en desarrollo, a fin de que cursen estudios profesionales en sus lugares de origen, y quienes no podrían obtener una buena educación de otra manera. De este modo, aumentan  sus oportunidades de encontrar empleo en sus propios países y comunidades. Después de que el estudiante termine su formación, dispone de un período de ocho años para devolver el dinero y así otro joven podrá beneficiarse del mismo tipo de ayuda.
Hasta ahora se han otorgado más de 40.000 préstamos, principalmente en América del Sur y Oceanía, y el proyecto se está ampliando.

Datos del programa de bienestar (2014)

Horas de trabajo donadas a proyectos de Servicios de Bienestar 7.047.701
Colocaciones laborales y de capacitación 28.073
Número total de almacenes del obispo 136
Centros de almacenamiento para el hogar 101
Proyectos agrícolas 51
Centros de procesamiento de alimentos y productos 12
Centros de almacenamiento y distribución 35
Centros de recursos de empleo 115
Tiendas de artículos de segunda mano de Industrias Deseret 42
Oficinas de LDS Family Services [Organización benéfica SUD] 82
Voluntarios de tiempo completo y parcial en Servicios de Bienestar 7.216
Los misioneros de bienestar son especialistas sanitarios, agrícolas, científicos, educativos, etc. que sirven temporalmente como misioneros de la Iglesia en zonas necesitadas, en proyectos de regadíos, manufacturas, formación para empleos, alfabetización y en centros hospitalarios de la Iglesia.
Ejemplos de asignaciones para los misioneros de bienestar:
  • Gestionar centros para el empleo
  • Enseñar inglés como segundo idioma
  • Enseñar habilidades para el matrimonio y la paternidad
  • Mejora de prácticas médicas o agrícolas
  • Distribución de ropa
  • Supervisión de proyectos y misioneros de bienestar.

Servicios humanitarios
La Iglesia también proporciona ayuda humanitaria y patrocina proyectos de desarrollo en muchos países, que benefician a personas de otras religiones, incluso a menudo en países donde la presencia de los misioneros mormones está prohibida por la ley.
El servicio humanitario puede incluir la respuesta de emergencias a los desastres naturales, tales como un terremoto o un tsunami, o desastres causados por el hombre, tales como los efectos de la guerra y la hambruna. También puede ser parte de un proyecto a largo plazo para  hacer frente a graves y más arraigadas necesidades humanas, tales como el alivio de las enfermedades.
A las pocas horas de un desastre, la Iglesia trabaja con funcionarios del gobierno local para determinar qué suministros de alimentos y otro tipo de materiales se necesitan.; estos son inmediatamente enviados a la zona.
La Iglesia de Jesucristo puede enviar ayuda rápidamente porque no hay necesidad de esperar donaciones o de comprar abastecimientos; los miembros de la Iglesia, principalmente, pero también amigos de la Iglesia de todo el mundo, donan regularmente, tanto dinero en efectivo como materiales en especie; los suministros se almacenan en Salt Lake City y en otros lugares, listos para la distribución. La Iglesia absorbe sus propios gastos generales, por lo que el cien por ciento de las donaciones a los servicios humanitarios de la Iglesia de Jesucristo se utilizan para las actividades de socorro.
Después que de satisfacer las necesidades más urgentes, la Iglesia busca nuevas maneras de ayudar con las necesidades a largo plazo de la comunidad. El enfoque de la Iglesia, basándose en los principios básicos de la responsabilidad personal, el apoyo de la comunidad, la autosuficiencia, y la sostenibilidad, es ayudar a las personas y a las comunidades a valerse por sí mismas, mediante la enseñanza de habilidades y el proporcionar recursos que les permitan alcanzar dichos objetivos.

"Latter-day Saints Charities"
A fin de canalizar y llevar a cabo las labores de ayuda humanitaria de la Iglesia, en 1996 se creó la organización no gubernamental sin ánimo de lucro, "Latter-day Saints Charities", patrocinada por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días,. Dicha organización tiene acceso a los recursos de la Iglesia, que incluyen la producción y elaboración de alimentos, almacenamiento de cereales, la rehabilitación profesional, donación de ropa usada y los servicios de empleo y sociales, los cuales, en gran parte, se ejecutan con mano de obra voluntaria.
Los miembros que todavía trabajan y crían a sus familias con frecuencia dan su tiempo, dinero o donaciones en especie para colaborar en los distintos proyectos, participan como voluntarios en las envasadoras y establecimientos agrícolas para ayudar a producir alimentos para los necesitados; crean los kits médicos necesarios para el personal sanitario y las nuevas madres en naciones en desarrollo, o bien participan en la confección de mantas para las familias necesitadas. Muchas de estas iniciativas locales son organizadas por la Sociedad de Socorro, la organización de mujeres miembros de la Iglesia. Esto permite reducir gastos operativos y atender a más personas con sus recursos.
En situaciones de emergencia, los miembros locales y los misioneros de tiempo completo, que normalmente dedican su tiempo al proselitismo, participan en los esfuerzos de socorro, pero en muchas de las iniciativas de carácter más permanente de la Iglesia de Jesucristo, la mano de obra que se emplea son parejas de misioneros mayores, miles de misioneros voluntarios a tiempo completo, con conocimientos y experiencia en educación, agricultura, trabajo social, de negocios y medicina  que sirven en todo el mundo como parte de estos proyectos humanitarios.
Estas parejas de jubilados miembros de la Iglesia dedican entre seis meses y dos años de su tiempo para acudir a cualquier parte del mundo, por lo general a expensas propias, a fin de participar en los proyectos humanitarios y de bienestar. Debido a esta fuerza de voluntarios, la Iglesia de Jesucristo es capaz de utilizar la totalidad del dinero y de los bienes donados para ayudar a los necesitados.
Estos misioneros sirven a menudo en las actividades relacionadas con su antigua profesión. Los médicos y enfermeras sirven misiones médicas, ya sea en los programas de reanimación neonatal o misiones especiales en países necesitados de dentistas, cirujanos oftalmólogos, etc. Las personas con antecedentes de ingeniería agrícola trabajan en la iniciativa del agua limpia o bien en ayudar a los agricultores en los países en desarrollo.
Único en su estructura de apoyo, pues, “Latter-day Saints Charities” ha financiado proyectos de desarrollo en 185 países, operando independientemente o en cooperación con otras organizaciones de beneficencia y los gobiernos. El año pasado, los voluntarios en apoyo a iniciativas de bienestar aportaron más de un millón de días de mano de obra.
“Latter-day Saints Charities” no solo brinda ayuda de emergencia en tiempos de desastres naturales; actualmente patrocina cinco proyectos globales para ayudar a las personas a ser más autosuficientes. Sus programas de atención primaria de desarrollo comunitario incluyen la formación en reanimación neonatal, obtención de agua potable, distribución de sillas de ruedas, tratamiento de la ceguera reversible, vacunación contra el sarampión, producción de alimentos y otros programas de salud.



Datos de los servicios humanitarios

Proyectos de respuesta en caso de emergencia en el 2014
La Iglesia respondió a 132 desastres (naturales y provocados por el hombre) en 60 países durante 2014. Ejemplos de situaciones de emergencia:
  • Tifón y terremoto de Filipinas.
  • Virus de Ébola en África Occidental.
  • Disturbios civiles en Ucrania.
  • Ayuda a refugiados en Siria.
  • Huracán en Tonga.
  • Iniciativas humanitarias

Ese mismo año, se proporcionó ayuda humanitaria en 131 países mediante estas iniciativas:
Agua potable e higiene: 26 países, un millón de beneficiarios.
Sillas de ruedas: 48 países, 57.800 beneficiarios.
Oftalmología: 34 países, 81.600 beneficiarios.
Cuidado materno y neonatal: 42 países, 30.200 beneficiarios.
Iniciativa alimentaria Benson: 17 países, 24.800 beneficiarios.
Vacunación: 9 países, 9 campañas.

Ayuda humanitaria ofrecida (1985–2010):
Valor de la ayuda: 1.300 millones de dólares
Países y territorios ayudados: 178
Alimentos: 63.377 toneladas
Suministros médicos: 14.345 toneladas
Ropa: 93.196 toneladas
Material educativo: 5.965 toneladas
Kits de higiene, recién nacidos y escolares: 11,1 millones

Desde 1985 la Iglesia ha prestado asistencia en 201 desastres. Ejemplos recientes de intervenciones son:
  • Haití, ayuda por el terremoto (2010) (véase más abajo)
  • Chile, ayuda por el terremoto (2010)
  • Pakistán, auxilio tras las inundaciones (2010)
  • Samoa, socorro tras el tsunami (2009)
  • Filipinas, ayuda tras el tifón (2009)
  • Indonesia, ayuda por el terremoto (2009)
  • Etiopía, campaña contra el hambre (2008)
  • Perú, ayuda por el terremoto (2007-2009)
  • Campañas de vacunación contra el sarampión en África (2004-2009)

Haití
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha estado trabajando con diligencia desde el devastador terremoto que azotó Haití el 12 de enero de 2010 para proporcionar ayuda al pueblo de ese país a través de su programa de ayuda humanitaria.
Desde esa fecha, la Iglesia ha proporcionado el equivalente a más de 60 camiones cargados de suministros de socorro (incluidos 10 envíos aéreos):
  • Más de 4,5 toneladas de alimentos
  • Más de 16.000 botellas para filtración de agua
  • Más de 110.000 kits de higiene.
  • Más de 13.000 mantas
  • 13 contenedores con utensilios de cocina.
  • Más de 9.400 kits para recién nacido.
  • Más de 4.300 botiquines de primeros auxilios.
  • 25 contenedores con suministros médicos.
  • Más de 3.000 tiendas de campaña.
  • Más de 4.000 lonas.
  • Más de 800 juegos de material escolar.
  • Más de 600 edredones.
  • 48 cunas.
  • 2 contenedores de juguetes.
  • Equipo médico de 22 voluntarios que asistieron a más de 1.000 heridos.
  • Seis profesionales de la salud mental y más de 100 voluntarios ofrecen asesoramiento y apoyo emocional a las víctimas.
  • Los centros de reuniones de la Iglesia fueron utilizadas como refugios temporales y centros de tratamiento. Se crearon campamentos para albergar a cientos de familias. La Iglesia construyeron baños, duchas y zonas de aseo para su uso por los residentes del campamento.
  • Se estableció un almacén temporal de los obispos para organizar la distribución de alimentos. Se están desarrollando planes para un almacén permanente en Puerto Príncipe.
  • Un centro de recursos de empleo, con voluntarios miembros de la Iglesia de Haití, fue organizado con el propósito de ayudar a quienes perdieron sus medios de vida como resultado del terremoto. Más de 650 candidatos han sido colocados en puestos de trabajo o el autoempleo.
  • Se  proporcionaron materiales para la construcción de viviendas provisionales, de las que han sido completadas 73.

Tratamiento y prevención del cólera
  • 5 hospitales de campaña.
  • Cerca de 17.000 kits de higiene
  • Más de 8.500 botellas de filtración de agua, con 5.000 filtros adicionales
  • Bolsas de filtración y filtros adicionales
  • Bombas de agua de filtración y filtros adicionales.
  • Más de 5.000 kits de prevención y tratamiento del cólera
  • Tres grandes sistemas de purificación de agua
  • Materiales de educación
  • Los líderes locales de la Iglesia se han asociado con agencias gubernamentales y otras organizaciones de socorro para impartir formación sobre los métodos de prevención del cólera.
Más información disponible en:
HUwww.ldsphilanthropies.orgUH
www.ldscharities.org